La elección del título no es arbitraria, y es que como en el clásico videojuego de los noventa, en este destacable documental se libra una auténtica batalla callejera. Lejos de la grandilocuencia y derroche de las grandes campañas políticas que tan bien reflejaba el memorable documental War Room, en Street Fight la contienda tiene lugar en las calles de la depauperada Newark, un suburbio de New Jersey poblado por clases medias bajas. Cory Booker, un joven idealista licenciado en derecho se enfrenta en las elecciones al sempiterno alcalde Sharpe James, un carismático representante de la llegada de los afroamericanos a las más altas instancias políticas a mediados de los setenta. Un alcalde antaño comprometido y promotor de los más emblemáticos centros deportivos y culturales de la ciudad, pero convertido ya en una figura despótica que abrazaba sin complejos el populismo y manejaba con nepotismo la alcaldía. Booker libra la campaña sin medios y con una entrega admirable, siendo víctima de las más sucias artimañas por parte del James y siéndole rechazado el apoyo de la maquinaria del Partido Demócrata. Sería fácil establecer ciertos paralelismos entre Booker y Obama, y lo cierto es que las acusaciones vertidas sobre ambos no son muy dispares (black enough?), pero claro, poco tienen en común las primarias demócratas y las elecciones municipales de Newark. Un documental de sumo interés que además estuvo nominado al Oscar el año en el que unos anodinos y aburridos pingüinos franceses arrebataban el premio a la sensacional “La pesadilla de Darwin”.Más información
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